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グァテマラにおける文化運動とマヤ諸語の活性化 /Activismo cultural y revitalización de las lenguas mayas en Guatemala

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              論文               ACTIVISMO CULTURAL Y REVITALIZACIÓN DE LAS LENGUAS MAYAS EN GUATEMALA Ana Isabel García Tesoro Profesora del Departamento de Estudios Hispánicos   1.   Introducción Guatemala presenta una intensa y peculiar situación de contacto lingüístico entre el español y 21 lenguas mayas, que son habladas en la zona central y suroeste del país. A pesar de no estar reconocidas oficialmente 1 , la mayoría de las lenguas mayas goza de plena vigencia entre la población indígena y cuenta en la actualidad con más de tres millones de hablantes. Desde la época de la colonia las lenguas mayas han pervivido en una situación de diglosia como códigos poco prestigiosos o minoritarios entre las comunidades indígenas, las cuales, como ha ocurrido con otros grupos nativos en Hispanoamérica, mantienen desde hace años un alto grado de bilingüismo español-lengua amerindia. Dentro de ese mosaico lingüístico, la diversidad étnica y cultural ya es un hecho histórico reconocido por todos los sectores de la sociedad guatemalteca, y conceptos como interculturalidad o educación bilingüe intercultural no resultan desconocidos, sino que son identificados como una vía para construir las relaciones interétnicas en el país y alcanzar las metas señaladas en los Acuerdos de Paz de 1995. En materia lingüística, en los últimos 25 años estamos asistiendo a un proceso de revitalización de las lenguas mayas que pretendemos dar a conocer en el presente trabajo. Lo más destacable del mismo es que está promovido por un grupo de intelectuales mayas, es decir, por primera vez en muchos años los que intervienen sobre la política lingüística para los idiomas mayas son sus propios hablantes. Desde que los indígenas tienen mayor presencia y ocupan puestos de prestigio en la sociedad guatemalteca han empezado a reivindicar el reconocimiento de sus idiomas, así el discurso público en Guatemala se encuentra dominado  por una cuestión fundamental: el reconocimiento de las lenguas mayas. Comenzaremos el artículo con una  breve introducción histórica que permitirá comprender mejor la situación sociolingüística actual de Guatemala, para pasar a analizar el movimiento de revitalización de las lenguas mayas y, por último, señalar las conclusiones y la bibliografía consultada. 1  El español es la única lengua oficial de Guatemala, las lenguas mayas son reconocidas como “patrimonio cultural de la nación” (art. 143 de la Constitución).  2.   Causas históricas del multilingüismo en Guatemala La familia maya está formada por 33 lenguas, que a su vez se subdividen en cuatro ramas o subgrupos lingüísticos. En los estudios de los años 90 se estimaba que eran habladas por unos 3,5 millones de personas (Kaufman 1990: 61) en los territorios del altiplano guatemalteco, en el sur de México y Belice. En Guatemala los datos del censo oficial llevado a cabo en el año 2001 2  señalan que existen 3.112.427 hablantes de lenguas mayas (el 21.52% de la población nacional). Las lenguas mayoritarias, con más de 400.000 hablantes, son quiché (922.378), queqchí (726.723), mam (519.664) y cakchiquel (475.889); las lenguas minoritarias, con menos de 100.000, son canjobal (99.211), poqomchí (69.716), ixil (69.137), achi (51.593), tzutujil (47.669), popti (38.350) y chuj (38.253); y las que cuentan con menos de 15.000 hablantes: akateko, awakateko, chorti, itza, mopan, poqomam, sakapulteko, sipakapense, tektiteko y uspanteko. Las lenguas habladas en Guatemala que no pertenecen al tronco maya, el xinka y el criollo garífuna, constituyen el porcentaje menor, menos del 1% de la población (véase su distribución en el mapa 1). Mapa 1. Distribución de las lenguas mayas, xinka y garífuna en Guatemala. 2  Datos tomados de Richards (2003), según un algoritmo desarrollado con base en las proyecciones del Instituto  Nacional de Estadística para el año 2001. El mapa étnico y lingüístico de Guatemala no ha cambiado considerablemente durante el ya pasado siglo XX, en lo que sí coinciden todos los autores (Raga 1995, Richards y Becker 1998) es en señalar que las campañas de contrainsurgencia llevadas a cabo contra las comunidades mayas en los años 80, han  provocado masivos desplazamientos de población indígena y cambios en algunas fronteras lingüísticas, especialmente en la región de Petén.   Las lenguas mayas tienen su srcen en un idioma común, conocido como protomaya, que estaría ubicado en la zona de la serranía que incluye los altos Cuchumatanes y la Sierra de las Minas, en lo que es actualmente Alta Verapaz. El período clásico de la civilización maya abarcó desde el siglo II al X aproximadamente, y floreció en las tierras bajas de la región mesoamericana, desde el norte de la península de Yucatán hasta el Golfo de México y el mar Caribe. Esta cultura desarrolló grandes centros urbanos, una compleja organización social y política, y una cultura avanzada, especialmente en lo que se refiere a las matemáticas y la astronomía. Asimismo contó con un complejo sistema de escritura, el cual se puede estudiar a través de las pocas muestras que quedaron de lo que fue su lenguaje escrito y su literatura (Bartholomew y Lastra 1994). En el periodo prehispánico las lenguas mayas ya se encontraban sometidas a una situación de diglosia respecto a la lengua del Imperio Azteca, el náhuatl. Jorge Suárez (1995) señala que la imposición del náhuatl únicamente se logró entre las clases altas de la sociedad maya, creando una especie de superestrato lingüístico: mientras que los campesinos siguieron hablando sus idiomas respectivos, la nobleza maya manejaba más de una lengua, probablemente variantes toltecas y nahuas, además de sus idiomas nativos mayas. Algo parecido ocurrió con la llegada de los españoles y la implantación de las estructuras sociopolíticas de la colonia, algunos miembros privilegiados de las élites mayas aprendieron el castellano, la lengua del poder; y solo en algunos casos excepcionales los españoles aprendieron las lenguas mayas, normalmente los misioneros, cuyo fin era la evangelización de los indígenas. El territorio actual de Guatemala no deslumbró tanto a los españoles como el Imperio Azteca, ni por sus riquezas, ni por el pueblo que allí habitaba. Tras la caída de Tenochtitlán, tres de los capitanes de Cortés se interesaron por los territorios mayas: Francisco de Montejo, Cristóbal de Olid y Pedro de Alvarado. Al  primero le fue concedido el dominio de las tierras yucatecas. Olid y Alvarado, bajo las órdenes de Cortés, iniciaron la conquista de Honduras y Guatemala respectivamente, lo que significó para Cortés la  prolongación de la de México y la extensión de los límites de Nueva España. Una de las características que se ha señalado de la conquista del territorio de Guatemala fue la rapidez con la que se llevó a cabo. Los capitanes españoles encontraron a los indígenas organizados en grupos étnicos diferenciados, los cuales guardaban entre sí una constante rivalidad. Esto facilitó su tarea, y por medio de alianzas y apoyos que obtuvieron de los indígenas, enfrentaron unos grupos con otros para favorecer la penetración y el establecimiento de su dominio. Otra constante en el comportamiento indígena maya fue la resistencia al sojuzgamiento militar y el abandono recurrente de sus asientos para refugiarse en las zonas selváticas y de difícil acceso, de donde partirían un buen número de levantamientos que ocurrieron durante los tres siglos de dominación española. La ocupación armada proporcionó esclavos indígenas, los cuales eran repartidos en encomiendas lucrativas según los méritos de los conquistadores, quienes al no encontrar en estas tierras las minas de oro y plata esperadas, obtuvieron su riqueza a partir de otras actividades como la explotación de la mano de obra indígena. Por su parte, la conquista espiritual del área maya la iniciaron los religiosos que acompañaron a las expediciones invasoras. Las órdenes que desembarcaron poco tiempo después en el territorio  mesoamericano fueron los franciscanos y dominicos, y en menor medida, los mercedarios agustinos; a excepción de Yucatán, donde la presencia franciscana fue exclusiva. El primer problema con el que se encontró la cruzada espiritual fue precisamente el de la comunicación, es decir, la incapacidad de transmitir el contenido de la “buena nueva” a la población indígena. Y fue en Guatemala, a pesar de lo reducido de su territorio, donde este problema se planteó de forma más acuciante, pues allí se hablaban 26 lenguas mayas, de las cuales, la mayoría sigue vigentes hoy en día. El problema es que se trataba de una región en la que no existía una lengua franca, a diferencia de lo que ocurría con el quechua en el Imperio Inca o el náhuatl en el Imperio Azteca. En Guatemala se intentó que el cakchiquel cumpliera esta función pues era la lengua hablada en la región donde se implantó la Capitanía General de Guatemala, por lo que fue llamada lengua   metropolitana ; García Ruiz (1991: 301) señala otros motivos:  Dos fueron las razones que motivaron la elección: en primer lugar porque desde un principio fue la mejor conocida —los franciscanos lograron describirla con particular pertinencia—, y por otra, porque  perteneciendo a la familia quiché, presentaba una real cercanía con el tz’utujil, el k’iche’ y el uspanteko, es decir, que existían posibilidades de comprensión y facilidades para el aprendizaje. Además, los cuatro grupos lingüísticos ocupaban la parte central del territorio y representaba cerca del 65% de la población conquistada. Pero las oposiciones históricas entre k’iches’ y cakchikeles [...] y entre k’iches’ y tz’utujiles [...] impidieron que el proyecto fructificase. Para los religiosos era preferible hacer el esfuerzo de aprender las lenguas indígenas, y correr el riesgo de la imprecisión terminológica por la dificultad de expresar los contenidos y matices de la teología en una lengua con estructuras cognitivas y vocabulario diferentes, que enseñar el castellano para poder después evangelizar con exactitud de lengua materna. Los inconvenientes eran mayores en el segundo caso, especialmente porque suponía el retraso del proceso de evangelización. Así lo expresaba el Primer Concilio Mexicano de 1555, pero igualmente contamos con numerosas pruebas documentales de la postura clara que desde el principio la Iglesia tomó frente a este problema, por citar dos ejemplos: en 1553 los dominicos  prohibieron participar en la evangelización a todos aquellos que no dominasen las lenguas indígenas, o en una  Breve  de 1571 Fray Bartolomé de las Casas pidió al Papa Pío V que obligase a los obispos a aprender las lenguas indígenas. La dimensión y complejidad de la nueva tarea hizo que la Corona se plantease en numerosas ocasiones, a lo largo del dominio colonial, la necesidad de elaborar una política lingüística de cara a la evangelización. Esta política fue hasta finales del siglo XVIII fluctuante y contradictoria en la mayor parte de los casos. Desde un primer momento, la Administración explicitó sus intenciones de desarrollar la cultura ibérica a través de la castellanización. Por otro lado, se han documentado numerosos testimonios y cédulas que manifiestan la postura contraria, por ejemplo, en 1596 el Consejo de Indias redactó una Cédula en la que se  pedía la castellanización de los indios que Felipe II rechazó en estos términos:   No parece conveniente apremiallos [a los indios]  a que dexen su lengua natural, se podrán poner para los que voluntariamente quisieran aprender la Lengua Castellana, y dése orden como se haga guardar lo que está mandado en no proueer los curatos sino a quien sepa la de los indios  (citado   en Zavala 1996: 25). En Guatemala el obispo Francisco Marroquín, ideólogo y hombre fuerte del sistema colonial, apoyó decididamente a las órdenes religiosas que habían tomado ya posición sobre la política lingüística que iban a aplicar. Y a pesar de las intervenciones de la Corona en sentido contrario, dicha postura se mantuvo durante todo el periodo colonial, de forma que las lenguas mayas se mantuvieron entre la población indígena, limitadas al ámbito familiar y a los intercambios comerciales locales. Con el proceso de mestizaje y el surgimiento de la clase ladina 3  hispanohablante, solo se propició un bilingüismo minoritario entre la élite colonial española y algunos mayas que eran formados como traductores con fines evangélicos, mercantiles o de movilización de mano de obra indígena en las haciendas e industrias españolas (Richards 2003, Suñe Blanco 1997). La labor llevada a cabo por los misioneros españoles contribuyó igualmente al proceso de diferenciación lingüística entre los grupos de etnias distintas, pues fueron los encargados de organizar y reunir a los indígenas en congregaciones o reducciones que se formaron en torno a los chinamital  (parcialidad), lo que provocó la posterior persistencia de los chinamital en la administración política nativa y el establecimiento de unidades socioculturales reducidas, caracterizadas por su aislamiento. La dinámica  política y económica de las reducciones unida a la separación categórica entre población indígena y española contribuyeron al desarrollo, mantenimiento y preservación del multilingüismo circunscrito a territorios determinados, semejantes a como se presentan en la actualidad, compárese el mapa 2 de la distribución de las lenguas mayas en 1524 con el mapa 1, en el que se muestra la distribución actual de las lenguas mayas. M APA  2. Lenguas mayas de Guatemala en 1524 (tomado de Richards 2003: 14). 3  En Guatemala a los mestizos se les conoce como ladinos.
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