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Libro: Franz-Xaver Kaufmann, Wie überlebt das Christentum?, Freiburg i.Br. 2000, en: Erasmus. Revista para el diálogo intercultural 2,2 (2001) 121-127.

Libro: Franz-Xaver Kaufmann, Wie überlebt das Christentum?, Freiburg i.Br. 2000, en: Erasmus. Revista para el diálogo intercultural 2,2 (2001) 121-127.
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  Recensión,  Franz-Xaver Kaufmann, Wie überlebt das Christentum?, Freiburg i.Br. 2000 , en:  Erasmus. Revista para el diálogo intercultural  2,2 (2001) 121-127.Franz-Xaver Kaufmann, Wie überlebt das Christentum? , Freiburg i.Br.: Herder 2000. 144 págs.F.-X. Kaufmann es profesor emérito de sociología de la Universidad de Bielefeld(Alemania). Posee múltiples publicaciones referidas al ámbito de la religión, de la política, dela economía y de la familia. La revista Erasmus ha presentado ya un artículo suyo ( Globaliza-ción y cristianismo , en: 2 (1999) 211-231). Uno de sus trabajos más renombrados se titula:  Religion und Modernität. Sozialwissenschaftliche Perspektiven , Tübingen 1989, estrechamen-te vinculado con el texto que ahora presento que, con 5 capítulos, es el resultado de unas con-ferencias dictadas por el autor en mayo de 1999 en la Humboldt-Universität (Berlín).El capítulo primero, titulado «Ruptura de la tradición» (11-19), recoge algunas de las principales tendencias que caracterizan el fenómeno religioso en Europa occidental. Pérdidade relieve de las grandes iglesias, disminución constante de miembros, envejecimiento del personal dedicado (unido a su descendente satisfacción y motivación en sus tareas), relativi-zación de la fe como orientadora de la vida, fragmentación de los contenidos centrales de la fecristiana, etc. son indicadores ya conocidos y elocuentes. De allí el diagnóstico inicial de Kau-fmann: "Al menos en el caso de Alemania se observa hoy una evidente ruptura de las tradi-ciones religiosas en ambas confesiones (católica y protestante) que amenaza la existencia delas iglesias en su actual constitución" (11). Ahora bien, especifica el autor, no se trata de unmovimiento genérico de pérdida de la vinculación con las instituciones religiosas, sino queeste proceso posee una relación estrecha con las condiciones de vida fruto del proceso de mo-dernización. Esto se expresa claramente cuando se estudian los sectores de la población másafectados por este proceso de cambio: por ej., gente con mayores niveles de educación, queviven en grandes ciudades. Paralelamente existen ambientes confesionales casi intactos, espe-cialmente en regiones menos favorecidas económicamente y donde se advierte que la relaciónentre vinculación religiosa institucional y valores tradicionales juega un fuerte rol. El diagnós-tico realizado permite intuir que nos hallamos frente a tendencias que continuarán en un futu-ro mediato. De allí entonces la pregunta central de este estudio: ¿cómo sobrevive y sobrevivi-rá el cristianismo en la (a la) modernidad? ¿Existen en lo que ordinariamente denominamos«modernización» factores que se oponen a la existencia de la tradición cristiana, o esta situa-ción representa un caso particular, alemán, dado incluso las diferencias que se observan con lavivencia pública del fenómeno religioso en los Estados Unidos? La pronosticada desapariciónde la religión por parte de la ilustración, ¿finalmente se concretará, sólo que en un espacio detiempo mayor al previsto? ¿En qué medida es posible modificar estas tendencias actuales? ¿Esfactible imaginar un renacimiento religioso en el futuro como ha sucedido en distintas fasesde la historia occidental? Conforme a estas y otras preguntas el presente estudio está dedicadoa analizar "¿cómo es que el cristianismo llegó a tener un éxito histórico, y por qué ha sobrevi-vido en los pasados dos milenios?" (16). El autor parte de la premisa de que los factores reli-giosos pertenecen a aquellos elementos sociales que sólo pueden ser comprendidos en un lar-go espacio de tiempo. De allí el itinerario que sigue el libro de Kaufmann: un rápido, pero nosuperficial, panorama histórico-sociológico que abarca desde el surgimiento mismo del cris-tianismo hasta su situación en nuestros días.El capítulo segundo, titulado «¿Cómo llegó a tener éxito histórico el cristianismo en laantigüedad?» (20-47), posee una triple división. Kaufmann estudia primero el surgimiento dela comunidad primitiva. Desde una perspectiva sociológica procura explicar en particular la  2transición y el paso de la fuerza carismática del Rabí Jesús a la comunidad srcinada en tornoa él. Un aspecto destacado: el hecho de que Jesús insistiera en temas como la elección y ladignidad de los primeros cristianos otorgó a estos la conciencia "de una identidad social nue-va" (25), que les posibilitó enfrentar tanto a la cultura helenista como a la ortodoxia judía. Enun segundo momento, Kaufmann explicita las condiciones exteriores para la difusión del cris-tianismo (difusión del judaísmo en el imperio romano, vías de comunicación, unidad delidioma). Mayor relieve tienen otras razones: ante todo la atractividad del cristianismo en unasituación de pluralismo y competencia religiosa (un credo sencillo, una ética precisa, una ex- periencia comunitaria intensa que brindaba protección y estaba abierta a todas las clases so-ciales y a ambos sexos, etc.). En síntesis, aquella primera comunidad cristiana, fuertementeimpactada por el crucificado y resucitado con sus elementos centrales de seguimiento, amor al prójimo, ascetismo y martirio, logró despertar el interés del público, en primera instancia, judío. Kaufmann analiza brevemente otros factores socio-políticos: la negativa por parte delos cristianos para venerar los símbolos y dioses romanos que suscitó la atención y la persecu-ción, la progresiva atomización y desorganización del imperio en el siglo tercero. El giro deConstantino acepta diversas explicaciones: una estrategia imperial integradora, la misma per-sonalidad del emperador, etc. "Es altamente improbable que la cuestión religiosa en la anti-güedad no hubiera devenido de una u otra manera una cuestión de poder" (44).El capítulo tercero, con el título «El cristianismo y la historia europea de la libertad»(48-77), destaca precisamente la vinculación entre ambos, más aún, el hecho de que el cristia-nismo se haya constituido como una "raíz importante" de este momento esencial de nuestro presente. Kaufmann no desconoce las distintas valoraciones existentes al respecto (Max We- ber, G. Jellinek), pero afronta la tesis, en un primer apartado, de que el camino singular deoccidente, culturalmente , está orientado en gran medida por la concepción cristiana de la li- bertad y la igualdad y, en un segundo, estructuralmente , acelerado por la lucha de la Iglesia enorden a su independencia política. En el primer apartado se analizan tres ideas: la trascenden-cia de Dios en relación al mundo, con su correspondiente «desencantamiento» del mundocreado (que está en la base del lento proceso que desemboca en el moderno concepto y reali-dad de secularización o autonomía de las disciplinas científicas). En segundo lugar, la nociónde libertad. El aporte judeo-cristiano no se sitúa ante todo en la libertad como estado de dere-cho (de srcen griego), sino como cualidad de la persona; una «interiorización» del concepto,fundamentado en las relaciones libres entre Dios y el hombre en la Biblia. Monoteísmo, crea-ción, trascendencia y libertad de Dios son conceptos teológicos que fundamentan una antropo-logía cristiana. La personalidad del hombre se dedujo de la personalidad de Dios. "Esta pers- pectiva metafísica fue orientadora para la determinación medieval y moderna de la personacomo concepto central de la libertad humana" (56). En relación al concepto de persona, Kau-fmann, sin aludir aquí a las discusiones trinitario-cristológicas de la Iglesia antigua, destaca latradición franciscana medieval. Pone de relieve además la línea que comunica esta determina-ción del hombre como «ens morale» con la formulación del pensamiento del derecho naturalescolástico español (Suárez) y su posterior introducción en la enseñanza de la Ilustración so- bre el derecho natural (Grocio). De allí su conclusión parcial: "Que el hombre ilustrado secomprenda a sí mismo como un ser autónomo, es comprensible sólo desde el trasfondo de unaidea de la autonomía adquirida srcinalmente a partir del ser de la trascendencia de Dios."(59). Este proceso de ideas interactúa con transformaciones estructurales de la sociedad occi-dental que Kaufmann considera bajo la perspectiva de la influencia que, en ellas, ha tenido elcristianismo. Después de destacar un aspecto central que diferencia a la religión judía de otrasexpresiones de la antigüedad, esto es, el hecho de que el Dios de este pueblo nunca se identi-ficó con el poder político, y de subrayar que en la historia del cristianismo en el primer mile-nio esta independencia se vivió con matices diversos y profundas diferencias regionales, el  3autor detalla lo que él denomina "el punto de partida de la historia de la libertad institucionaleuropea": la disputa de las investiduras. "La exigencia de «libertas» no fue srcinalmente unreclamo de los individuos, sino la exigencia de determinadas corporaciones, ante todo las reli-giosas" (65). La diferenciación institucional entre dos autoridades (espiritual y política) autó-nomas y con iguales derechos en un mismo territorio representó una autentica novedad yconstituyó la "primera forma de una diferenciación funcional dentro del todo social" (67).Este principio hizo escuela y posibilitó las condiciones institucionales de una sociedad libre.En particular, el concordato de Worms (año 1122) fue un paso decisivo para el proceso dediferenciación funcional de la sociedad que, conforme a las nuevas teorías sociológicas de lasociedad, constituye un mecanismo central de la modernización (cf. 68, 90). Por tanto, sinolvidar otros factores, Kaufmann destaca la importancia de la separación entre potestad espiri-tual y mundana para la transformación de una sociedad estructurada jerárquicamente, segúnestamentos, a otra moderna, funcionalmente constituida por sistemas parciales como el eco-nómico, político, religioso, etc. En un tercer apartado el autor alude brevemente a diversosacontecimientos en el desarrollo de los estados europeos modernos en relación a las ideascristianas antes presentadas. La importancia de la división católico-protestante y de las gue-rras de religión de los siglos 16 y 17 en orden a una relativización pública del cristianimo y ala neutralidad del estado en materia religiosa, el significado de las teorías socio-políticas ela- boradas por la escolástica tardía española y el influjo del calvinismo que, "a diferencia delcatolicismo y del luteranismo (...) cuestionó de manera fundamental la dominación monárqui-ca" (75). En referencia a este último influjo, escribe Kaufmann: "La tesis de Georg Jellinek, elderecho de la conciencia, inalienable e independiente del estado, constituye el punto de parti-da de la doctrina del derecho natural individualista, no ha sido superada hasta hoy" (75). En ladeclaración de la independencia americana de 1776, con sus posteriores explicitaciones, seencuentra la clásica formulación de los resultados institucionales de la historia de la libertadeuropea. "Lo que la declaración de la independencia supone, pero no explica, son los presu- puestos personales, en base a los cuales un tal orden de libertad es posible" (77).El cuarto capítulo, titulado «Modernización, secularización e institucionalización ecle-sial del cristianismo» (78-104), analiza la relación entre cristianismo e Ilustración y su contex-to social; las condiciones previas de la situación actual. El estudio resume en un primer apar-tado la historia de los conceptos «mundanización», «secularización» y «religión». La comple- jidad de la noción de secularización, fuertemente condicionada según cómo se evalúe la rela-ción entre cristianismo y época moderna, y la ausencia del concepto de religión, de srcenilustrado, en el lenguaje católico, al menos hasta tiempos recientes, son aspectos especialmen-te destacados. "El desplazamiento conceptual de «Christianitas» y «Fides» hacia «Religio» esel resultado de un drama histórico": la disputa por el carácter público y la pretensión vinculan-te de la fe cristiana. Con el reconocimiento de la neutralidad del estado se hizo visible que elcristianismo había perdido la función social integradora para Europa, que "no podía ser com- pensada con la preeminencia del concepto de religión, sino en el mejor de los caso, disimula-da. Esto muestra la creciente indeterminación del concepto de religión en las últimas décadas"(88). El segundo apartado describe los procesos de transformación de la sociedad. Junto almovimiento político-institucional, caracterizado por palabras como democracia, derechos delos ciudadanos, primacía de la ley, etc., la idea central que describe este proceso desde el pun-to de vista sociológico es el dinamismo que disuelve el orden social estructurado en estamen-tos en beneficio de una creciente autonomía institucional de los ámbitos económicos, políti-cos, religiosos, científicos, etc. Especialización, formación de actores colectivos organizadosy estructuración en sistemas particulares diferenciados y orientados funcionalmente describenesta nueva situación. Si se atiende al desarrollo del cristianismo confesional en el marco deese proceso de modernización, Kaufmann caracteriza dicho proceso con un concepto: institu-  4cionalización o eclesialización, es decir, el cristianismo no constituye ya un universo simbóli-co que unifica el conjunto de las relaciones vitales, sino progresivamente encuentra su lugar específico en las iglesias, las cuales, a su vez, se perfilan cada vez más como organizacionesclericales. En este contexto se explica la cita de N. Luhmann que ve en la especialización ins-titucional de las iglesias y en la privatización de las decisiones religiosas los aspectos centra-les de la secularización y el hecho de que los más significativos conceptos de la doctrina delestado moderno, "conceptos teológicos secularizados", ya no son atribuidos a las iglesias, sinoque forman parte de un consenso normativo general, mientras que las iglesias representanalgo particular y privado (cf. 96-97). El tercer apartado considera las actitudes individuales. Elautor ensaya algunas posibles interpretaciones al proceso de des-eclesialización (desinstitu-cionalización) de los individuos que, especialmente a partir de la década del 60, se observanítidamente en Europa occidental. La primera hipótesis destaca la tensión entre una religiónvivida institucionalmente y la cultura secular, codeterminada por valores cristianos incorpora-dos a un ethos común e independiente de las iglesias. Una segunda hipótesis está centrada entorno a la compleja noción de individualización (correlativa a la de pluralismo). En este con-texto, se observa un distanciamiento entre «pertenencia eclesial», «cristianismo» y «religión»;ésta última se independiza de aquellas y es entendida en un sentido individual-experiencialcada vez más indeterminado.El quinto capítulo, titulado «¿Sobrevive/sobrevivirá el cristianimo a la modernidad?»(105-144), comienza con un breve análisis de la noción misma de modernidad. Sin descono-cer una gran variedad de matices, como concepto epocal, la modernidad es caracterizada por Kaufmann sobre todo como "legitimidad del cambio continuo" y por conceptos que aluden ala libertad, al progreso, a un futuro abierto. En este sentido, el cristianismo, esencialmentereferido a sucesos pasados y a tradiciones, aparece como no moderno. El segundo apartadoanaliza las condiciones y causas que han producido la ruptura de la tradición en la transmisiónde la fe cristiana. Constituyen momentos sociales de una larga extensión en el tiempo. Antetodo, la libertad religiosa. La progresiva desaparición de la pertenencia a las iglesias comoalgo socialmente obligatorio es la razón más elemental que explica la fuerte caída en la canti-dad de miembros. Un segundo aspecto está constituido por la disolución de un entorno confe-sional determinado por las vinculaciones familiares y donde las formas para la transmisión dela fe estaban completamente integradas. Esa situación homogénea se desmoronó progresiva-mente después de la segunda guerra mundial. En particular, el movimiento del 68 condujo auna fuerte crítica de las instituciones y favoreció el crecimiento de lo que sociológicamente secaracteriza como individualización. En este punto, el autor destaca nuevamente la diferenciaentre la realidad norteamericana y la europea. En aquella, la pertenencia religiosa fue vividacomo un momento positivo del ejercicio de la libertad, en una situación de competencia reli-giosa que favorecía un espíritu misionero, participativo en donde las iglesias crecen desdeabajo. Por el contrario, el cristianismo en Europa ha permanecido como una realidad confe-sionalmente monopólica; la carencia de la presión de la sociedad ha causado, de hecho, undesarrollo muy tardío del momento participativo. Kaufmann enumera también otra serie defenómenos bajo el título de «ampliación de las opciones». El crecimiento del bienestar eco-nómico, la difusión de la televisión, los mayores niveles de educación, la inserción laboral dela mujer, la reducción de los tiempos laborales y el crecimiento del turismo han conducido auna normal, es decir cotidiana para los individuos, ampliación de los horizontes en una medi-da antes no imaginada. Estos cambios acelerados plantean las cuestiones sobre el sentido y laorientación de la vida pero, las tradiciones srcinadas en los entornos homogéneos antes des-critos, no ofrecen respuestas plausibles. Esto afecta particularmente a las columnas de aquelmedio social: la familia y la iglesia. La pluralidad de posibilidades somete a los individuos ala presión de la decisión en orden a dar forma a la propia vida; decisión que exige cualidades  5que este mismo medio social no proporciona, como por ejemplo, capacidad de reflexión y dedistancia con los acontecimientos. "En esta situación, los criterios de elección son estructu-ralmente subjetivos" (118). La afirmación de la autonomía de los individuos es vivida en Eu-ropa hoy como abandono o al menos desinterés de las iglesias. Es verdad que ese proceso dedistanciamiento se experimenta también con otras grandes organizaciones, que son percibidascomo amenaza a la propia autonomía. En el tercer apartado el autor examina el problema de laformación de la identidad personal que, en un contexto plural, ya no puede ser formulado co-mo internalización de valores y normas. En este contexto cobran singular relieve experienciascualificadas, que otorgan confianza a la persona en su recto obrar, a modo de autoafirmacióny de adquisición de una identidad que permita enfrentar las distintas situaciones vitales. Oca-siones para experiencias religiosas formadoras de valores y disposición de modelos interpreta-tivos son hoy particularmente necesarios. En un cuarto apartado, referido a las perspectivasdel cristianismo, Kaufmann distingue tres niveles en la presencia social de éste: cultural, insti-tucional-organizativo y uno referido a lo personal-invidividual. En el primer caso, el autor destaca la necesidad de un cambio de orientación en la presentación de la fe cristiana que re-coja aquellos elementos centrales que precisamente están en la base de la modernidad. En elsegundo plano, el institucional, Kaufmann afirma que hoy es menos cuestionada la credibili-dad individual, cuanto la utilidad social de las iglesias; a quienes se les reserva todavía unafunción relevante que el proceso de globalización, con la consiguiente pérdida de relieve delos estados nacionales, hace más patente: fortalecer un ethos basado en el reconocimiento delos derechos del hombre, de la democracia y de la responsabilidad colectiva más allá de crite-rios economicistas, hoy dominantes. La búsqueda de una ética común mínima, que el diálogoecuménico e interreligioso favorece, aparece como una tarea importante y que hace plausibley necesaria la existencia de formas religiosas organizadas en el horizonte moderno. En rela-ción al tercer plano, la presencia del cristianismo al nivel de los individuos, Kaufmann destacala importancia de la concentración en contenidos centrales, el valor de la experiencia, loscompromisos que afrontan problemas sociales, formas nuevas de ascesis voluntaria, movi-mientos socio-religiosos surgidos en la periferia de las iglesias, etc. En un quinto apartado elautor resume lo analizado en el libro y formula algunas observaciones conclusivas. La condi-ción principal para la pérdida de influjo de las iglesias se sitúa en el cambio en la relaciónentre los aspectos culturales, organizativos y mundo vitales de los individuos. Las dificultades para la transmisión de la fe cristiana son una muestra y un caso de una crisis de transmisión devalores tradicionales más amplia. Es expresión también de que las relaciones sociales estándominadas por imperativos económicos y políticos. Kaufmann cita aquí a Karl Gabriel: "«latransmisión de tradiciones, hoy más que antes, depende de instituciones, por otro lado, el éxi-to del proceso de transmisión presupone un alto grado de apertura institucional, sensibilidad para las aspiraciones de autonomía individual y reflexividad». En relación a las grandes igle-sias, concluye Kaufmann, esto es casi como un círculo cuadrado" (141).En síntesis, se trata de un libro cargado de ideas sugerentes, bastante ambicioso por lamultiplicidad de temas y épocas que analiza y por el mismo hilo conductor que lo anima: a laluz de la experiencia histórica, vislumbrar el futuro del cristianismo, no meramente de la reli-gión, en las actuales y advenientes condiciones culturales.Carlos Schickendantz
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